Capítulo
3. La Misión.
Nessa
esperaba con ansia las recomendaciones de Ninde sobre esa
importantísima misión que debía realizar, en aquella habitación
con olor a lavanda, y buena iluminación.
Nessa
se concienciaba de que no podía ser tan difícil como Ninde
planteaba... era imposible encomendar a una niña de tan solo unos
trece años, aunque supiese mas sobre el arte de la magia y el arte
de la guerra que un niño de quince...
-Toc,
toc... -suena la puerta de la habitación-
-Adelante.-responde
Ninde-.
Una
elfa con delantal blanco y ropa negra de pelo azul y ojos esmeralda
aparece por la puerta reclamando la atención en privado de su reina.
Esta
se levantó de un salto de la silla y acudió a su encuentro en el
pasillo cerrando la puerta tras ella.
A
Nessa se le ocurrió mirar la hora se dio cuenta de que apenas habían
pasado cinco minutos desde que se puso a pensar, se le había hecho
eterno.
Al
cabo de quince minutos Ninde entra por la puerta con apariencia
tranquila pero Nessa se había dado cuenta de que a Ninde le temblaba
la mano y que estaba nerviosa.
-A
prisa, a prisa Nessa debes ir a tu casa a recoger tus cosas y lo que
necesites para dormir una noche fuera, esta noche tu padre y tú
dormiréis aquí.
-¿Qué
ocurre Ninde? -pregunta Claudius un tanto nervioso...-
-No
es momento de preguntas, Claudius acompaña a Nessa a casa y volved
lo más rápido posible. -responde Ninde con expresión serena-.
*
La
puerta se abrió de golpe y tras ella Nessa y su padre corrían por
toda la casa, cada uno con una mochila lo suficientemente grande como
para que una niña de cuatro años entrara en ella.
Nessa
fue corriendo hacia su cuarto donde recogió su intercomunicador, su
peluche favorito con aspecto de ranita, la daga de su madre, la
varita que le había regalado su madre por su décimo cumpleaños y
el libro de hechizos básicos que venía con ella (aunque ya los
supiese todos e incluso más).
Mientras
su padre cogía comida, dos almohadas, unas mantas y agua, pues sabía
que Ninde no estaría en el castillo cuando ellos llegaran, Claudius
había escuchado toda la conversación por ordenes de Ninde y sabía
lo que tenía que hacer.
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Al
salir de casa todo estaba normal y tranquilo pero, no dejaron de
andar hasta que llegaron al castillo, que ahora parecía más cerrado
y aislado que nunca.
Claudius
no se dirigía a la puerta principal sino, a la parte trasera en la
que desde el punto de vista de Nessa solo había una muralla y la
copa del árbol que asomaba, claro está que el lago se encontraba a
espaldas de ellos.
Claudius
sacó una jarra vacía, la llenó con agua del lago y la introdujo
por una pequeña grieta de la muralla cuya grieta Nessa nunca había
visto.
Y
al segundo una puerta del tamaño justo para poder entrar, apareció
ante sus narices.
-¿Qué
está pasando padre? - preguntó Nessa entrecortada por la
respiración-.
-Cuando
lleguemos a un lugar seguro, te lo contaré – respondió-.
-Pero,
es el castillo de Ninde, ¿ya no es seguro? -insistió Nessa-.
-Hoy
no.- respondió Claudius cortando la conversación.-
Al
entrar por la puerta secreta accedieron al jardín de Ninde desde
donde se podía observar con mayor esplendor el árbol que Ninde
tanto cuidaba y algo que Nessa nunca había visto, un banco de piedra
blanca a los pies del árbol.
Claudius
se dirigía hacia el banco cogiendo la mano de Nessa y tirando de
ella.
Al
llegar al banco, atravesando las flores y enanitos de piedra
pintados, Claudius se sentó e hizo que Nessa lo imitara.
Se
mantuvieron sentados unos minutos que a Nessa le parecieron horas,
horas en las cuales su padre permanecía inmóvil con los ojos
cerrados, la barbilla levantada y las manos caídas sobre sus
piernas, como si se estuviese comunicando con aquel árbol gigante.
Un
haz de luz blanca se desprendió en un instante en aquel patio, la
reacción de Nessa no fue otra que cerrar los ojos, aunque sabía que
provenía del árbol y que su padre tenía que contarle muchas cosas.
Cuando el haz de luz desapareció Nessa abrió los ojos y vió que su
padre ya no estaba sentado a su lado sino que se encontraba al lado
del árbol esperándola.
Nessa
se levantó como si fuese un acto reflejo y se reunió con su padre
cuando se dio cuenta de que por la parte de atrás del árbol, justo
al lado de su padre había unas escaleras de caracol que bajaban, con
lámparas mágicas que flotaban en el interior del árbol que
alternaban sus colores entre azul y rojo.
-Vamos
Nessa, el único lugar seguro ahora es ahí abajo, confía en mí-dice
su padre-.
Y
Nessa comenzó a bajar las escaleras tras su padre y acuestas con sus
mochilas.
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